VIAJE A JAPON
Japón, la cuna del sumo, el país que todo aficionado a este deporte quiere conocer. En Septiembre de 2006 me fui a ver en directo el Aki Basho. Este es el relato de mi viaje al país del sol naciente.

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Empieza el espectáculo

¡ Y llegó el gran día ¡ Por fin iba a presenciar un torneo de sumo en directo. Los años de espera habían merecido la pena. No sé si serían los nervios o el jet-lag, pero el hecho es que a eso de las 5 de la mañana yo ya estaba despierto y preparado para ir a ver los combates, aunque desde luego no iba a ser el único que madrugaba, ya que a eso de las 6 me llamó por teléfono Mark que ya estaba en el Kokugikan haciendo cola para poder sacar una entrada para ese día. Y es que una de las ventajas que tiene el ir a presenciar los 15 días de competición es que uno puede sacar el abono más barato para todo el torneo y despreocuparse completamente de tener que madrugar para poder entrar a ver los combates.

Como aún me quedaba mucho tiempo libre me decidí a ir andando desde el hotel hasta el pabellón de sumo, en una caminata de algo menos de 1 horas por el barrio de Asakusa y los alrededores del río Sumida. Al ser domingo todo estaba muy tranquilo y apenas había tráfico, con lo que el paseo fue muy agradable. Aproveché para ver el parque Yokoamicho, que está dedicado a todas las personas fallecidas tanto en el gran terremoto de 1923 como en los bombardeos aliados de 1945.

A las 8.30 ya estaba a las puertas del recinto esperando a que se abriesen las puertas y puedo asegurar que fui uno de los primeros en entrar, tanto que ni siquiera habían empezado aún los combates cuando lo hice, lo que aproveché para inspeccionar el interior del pabellón. La parte inferior tiene varios puestos en los que uno puede comprar muchas cosas relacionadas con el sumo, como banzukes, vasos, tazas, libros, pañuelos, cartas, tegatas, y muchas cosas más. A esas horas todo estaba aún cerrado y apenas algunas personas empezaban a montar las tiendas, pero en apenas 2 horas aquello estaría ya en pleno funcionamiento en espera de la mayoría de la gente que empezarían a llegar alrededor de las 3 de la tarde. También estaban organizándose las casas de té que acomodan a los espectadores que tienen entradas de las más caras, que incluyen una bolsa con comida y un jarrita de té. La verdad es que los sitios ya son bastante estrechos para cuatro personas, así que si encima hay que poner bolsas, vasos, tazas… en fin, que creo que yo estaba más cómodo en mis asiento de la parte alta, aunque se viera algo más lejano.

Durante las primeras horas de competición la asistencia al recinto es muy baja. La mayoría de la gente que acude son familiares o amigos de los que tienen que combatir y, sobre todo, muchos extranjeros despistados a los que nadie ha informado que los combates interesantes no empiezan hasta las 2.30 de la tarde, por lo que es muy normal verles deambular por el Kokugikan sin explicarse muy bien por qué la gente aún no ha llegado. Sin embargo no es fácil aburrirse allí dentro, porque aparte de todos los puestos de venta de ‘merchandising’ también hay puestos de comida y de bebidas, por lo que no necesitas salir a la calle para nada incluso si vas a estar allí dentro 9 horas seguidas. Una de las cosas más típicas de Japón son los ‘bento’ o cajas que llevan comida en su interior, con varios platos separados en pequeños habitáculos para que no se mezclen. Los hay de muchas clases, y entre ellos también están los de los luchadores, con la comida que más les gusta a cada uno, como los ‘bento’ de Asashoryu, Tochiazuma, Hakuho, Takamisakari… Aparte en el segundo piso hay un restaurante de comida americana, con hamburguesas, perritos calientes y demás tipo de comida rápida, y otro restaurante algo más elegante en el que te puedes sentar para comer.

Uno de los alicientes del Kokugikan es que tienes la posibilidad de probar un tazón de chanko-nabe por tan sólo 200 yenes (algo menos de un euro y medio), aunque los fines de semana la afluencia de gente es tan grande que hay que soportar unas largas colas para poder degustarlo. Se sirve a las 12 y a las 2 de la tarde, pero los días de diario no hay ningún problema para degustarlo. Básicamente es un caldo con bastantes verduras y un par de trozos de carne que se sirve muy caliente y que los japoneses engullen a una velocidad de vértigo, algo que yo era completamente incapaz de hacer, siendo siempre de los últimos en acabarlo. Es una buena forma de comer barato y sin tener que salir del Kokugikan.

La terraza de la segunda planta está abierta para que todo el que quiera pueda utilizarla para salir a fumarse un cigarrito (está prohibido fumar en el interior) o para darse un paseo. Incluso un día vi al propio Kitanoumi Rijicho dando unas vueltas por ella, ya que al parecer su médico le ha aconsejado que realice ciertos ejercicios diarios que incluyen paseos a ritmo medio-alto. Si uno se cansa de tanto paseo, en las dos plantas del recinto hay unas pantallas de video que constantemente están emitiendo antiguos combates de sumo y muchas veces es interesante quedarse a ver a viejos luchadores en su momento de gloria.

Quizás una de las cosas más interesantes que se pueden hacer dentro del Kokugikan es esperar la llegada de los luchadores. Todos entran al recinto por una especie de pasillo exterior lateral que separa el propio Kokugikan de la tapia exterior, así que sólo los que han sacado su entrada pueden tener acceso a esta zona. Mientras mucha gente está amontonada a la puerta para ver llegar a los luchadores, en ese pasillo puedes estar sin demasiados agobios viendo pasar a todos los sekitori y haciéndoles fotos justo en el momento en que pasan a tu lado. ¿Os imagináis que Raúl o Ronaldinho pasasen a vuestro lado al llegar al estadio de fútbol antes de un partido? Pues así.

Bueno, ya hemos inspeccionado el Kokugikan y ya sabemos todo lo que nos ofrece su exterior. Es el momento de que entremos para disfrutar de los combates.



Primer contacto
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Leonishiki's Sumo Room

La lucha de los dioses