HISTORIA DEL SUMO

EL RITUAL PREVIO A LA LUCHA


Para un luchador de sumo el combate no comienza cuando sube al dohyo sino cuando empieza a pensar en él. Algunos suelen ver docenas de veces algunos combates en sus videos, otros se pasan la noche pensando en diferentes técnicas a emplear, etc. De hecho, cuando un rikishi se juega la promoción a Ozeki o Yokozuna en un Chikara-mizutorneo no es muy extraño que sufra de insomnio. Algo así le ocurrió al ex-Yokozuna Kitanoumi, que tuvo que abandonar un torneo por esta causa. El sumo no es sólo lucha física; también tiene una parte muy importante de lucha psicológica.

Para los aficionados el combate comienza cuando ven aparecer en los pasillo cercanos al dohyo a los luchadores. Ellos no les ven practicando por la mañana, intentando perfeccionar el movimiento que ellos creen ganador, o en el vestuario ensayando el tachi-ai. Pero un buen aficionado sí que puede observar la confianza o el nerviosismo en los rostros de los luchadores en cuanto se encaminan hacia el dohyo. A partir de este momento comienza el llamado "lenguaje del cuerpo".

Cuando los luchadores llegan al borde del dohyo se sientan sobre unos cojines (totalmente personales para los luchadores de makuuchi) y quedan uno frente al otro, tan solo separados por el escenario de la pelea. Es entonces cuando comienza la batalla visual entre ambos. Algunos miran hacia el infinito, con una estudiada indiferencia hacia su contrario, otros taladran a su oponente con la mirada, intentando intimidarle. Este es un momento de especial satisfacción para los buenos aficionados, ya que pueden comprobar el estado mental de ambos luchadores, su confianza en si mismos, quien mantiene esas petreas miradas y quienes las rechazan, etc.

Una vez que el combate anterior ha finalizado, el yobidashi les anuncia y ambos suben al dohyo. Tras saludarse con una ligera inclinación de cabeza, se dirige cada uno a su rincón y realizan el shiko, que consiste en elevar y bajar violentamente los pies de forma alternativa para espantar a los demonios que puedan merodear cerca del dohyo. Seguidamente los rikishi reciben un cacillo de chikara-mizu o agua de poder de manos del ganador del anteior combate o del luchador que peleará a continuación. Esto es así ya que los perdedores automáticamente se retiran del lugar de la lucha ya que debe evitarse que trasladen su mala suerte al nuevo combatiente. Una vez recibido el cacillo con agua, los rikishi se enjuagan la boca con él, se limpian las axilas con el chikara-gami o papel de poder y escupen el agua dentro de un recipiente. Mientras todo esto ocurre el gyoji o árbitro Shikiripronuncia sus nombres en voz alta, dos veces si alguno de los luchadores está encuadrado en alguno de los rangos del sanyaku (Yokozuna. Ozeki, Sekiwake o Komusubi).

Posteriormente los dos luchadores lanzan sal hacia la arcilla del dohyo y se colocan en la parte extrema del circulo de lucha, uno frente a otro, se agachan (momento en el cual los buenos aficionados pueden ver si alguno de los luchadores tiene alguna lesión de rodilla no del todo reestablecida, ya que les costaría realizar este movimiento con facilidad), aplauden una vez en un gesto de invocación llamado kashiwada, extienden sus brazos hacia los laterales y muestran las palmas de sus manos abiertas y hacia abajo. Este gesto, llamado chiri chozu, muestra al rival que no porta ningún tipo de arma y que está totalmente preparado para la lucha.

Tras este ritual los luchadores vuelven a sus respectivas esquinas. Es en este momento cuando los yobidashi o asistentes realizan un desfile alrededor del dohyo con los estandartes (kensho) de las empresas que patrocinarán el combato. Cada uno de estos kensho equivale a 60.000 yenes, la mitad de los cuales va a parar al rikishi que consiga la victoria. Estos estandartes sirven tambien para medir la popularidad de cada luchador. Por ejemplo, un combate en donde actúe Takanohana siempre tendrá algún premio añadido. Otros luchadores de makuuchi, en cambio, podrán sentirse afortunados si consiguen que alguna empresa decida patrocinar alguna de sus peleas durante el torneo. Tras este desfile, los luchadores volverán a arrojar sal hacia el dohyo y se situarán cerca de las lineas centrales para realizar el shiko; se agacharán, se levantarán y se colocarán a derecha e izquierda los decorativos cordones almidonados (llamados sagari) que cuelgan de su mawashi, se agacharán de nuevo, pondrán sus puños sobre la arena (tras las líneas blancas) y mirarán de refilón a su oponente. Todo este ritual se conoce como shikiri. Entonces los luchadores se levantarán, volverán a sus esquinas a por más sal y repetirán el El tachi-ai. Comienza el combateshikiri. Anteriormente no existía un tiempo delimitado para este ritual, llegando a realizarse combates auténticamente maratonianos. El record está en un ritual de 1 hora y 37 minutos (el combate, posteriormente, duró sólo 2 segundos). En la actualidad, en la categoría makuuchi, la máxima del sumo japonés, el tiempo permitido para este rito es de 4 minutos. De controlar este tiempo se encarga el shimpan, que es uno de los jueces de pista, pero no lo controla con un cronómetro sino contando el número de veces que los rikishi se dirigen a sus esquinas a por sal. Tras cuatro "viajes al rincón", levanta su mano para indicar que el tiempo ha finalizado. Los yobidashi de cada esquina se lo hacen saber a cada luchador, que lanza su último puñado de sal y se dirige hacia las lineas blancas del centro del dohyo.

Cuando los rikishi están agachados en su último shikiri, el árbitro dice "jikan desu,matta arimasen" (algo así como "se acabó el tiempo, hacedlo ahora") y levanta su abanico. Los luchadores ya están preparados para el tachi-ai. El combate está a punto de comenzar.


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